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Porque escoger es un derecho... o por lo menos debería serlo

dimecres, 18 d’abril de 2007

En la oscuridad de la luz

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Ando a oscuras por un pasillo largo, muy largo, del cual aún no he conseguido nunca ver el final.
Y siento miedo. Mucho miedo.
Pero no me detengo.
Tampoco aún no he podido descubrir ni porqué, ni cómo, ni cuando empecé a caminar por él, ni cuanto tiempo llevo haciéndolo.
A veces hace frío. A veces no. A veces hace calor.
Es un lugar húmedo con cierto aroma a viejo bosque.
Quizá de hayas. Tal vez de chopos.
Pero húmedo.
El suelo es de damero negro y negro.
Sí, ya sé… un damero se forma con dos colores, pero mi damero es, aparentemente, de un sólo color.
Nadie más que yo puede apreciarlo, por eso nadie me creería si lo viese.
Pero es un damero negro y negro.
Sólo yo sé que es un damero.
Porque lo es. Porque lo veo.
No hay zócalo, pero sí hay límites.
Las sucias paredes están divididas horizontalmente por un estrecho friso de madera verde oscuro, a media altura.
La parte inferior está tapizada con tela de listas verticales de colores verde oscuro y pergamino.
Su contacto accidental no me gusta. Me da escalofríos.

La parte superior, hasta donde alcanzo a adivinar, está pintada del mismo verde desagradable que las listas de la tela.
No sé si hay techo porque la oscuridad no me permite apreciarlo.
Me da miedo mirar hacia arriba.
Allí sólo habita la absoluta oscuridad.
No parece que haya lámparas, ni bombillas, pero eso no me importa.
Tampoco me molesto en buscar un interruptor por si acaso las hay.
No quiero luz. Me da igual no tener luz.
Hay puertas a izquierda y derecha. Muchas.
Seguramente algún día fueron de color marfil.
Ahora son amarillentas, sucias, ahumadas, con manubrios de cobre…
Verdosos, oxidados, imagino que a consecuencia de la humedad que los envuelve.
Son puertas pequeñas.
Guardan muy poca distancia entre sí y todas están cerradas.
No sé si con llave o no, pero tampoco intento abrir alguna.
Desde que camino por ese pasillo, jamás he sentido el deseo de abrirlas.
Ni una. Ninguna.
Tengo miedo.
Ni siquiera he sentido la tentación.
Ni una tentación.
Ni media.
Hasta hace poco ni se me había ocurrido que tal vez yo puedo abrirlas.
Pero no me interesa lo que pueda haber detrás de ellas.
Sólo las observo por si alguna se entreabre.
Pero no para atravesar su luz.
Sólo las observo porque me preocupa que alguna se abra desde el interior.
Sólo las observo para estar alerta, para protegerme.
Para defenderme si alguien se asoma a través de su apertura para hacerme daño.
No quiero sufrir. No.
Por eso prefiero que una tras otra todas estén cerradas.
Porque tengo miedo.
Las puertas cerradas me dan seguridad.
Avanzo sin saber hacia a donde voy.
Tampoco sé porqué lo hago.
Ni si en realidad estoy avanzando o retrocediendo.
Sólo sé que sigo hacia lo que me parece el frente.
No duermo. Tampoco como.
Sólo intento respirar.
Respiro ese aire húmedo y viejo.
A veces a lo lejos, creo ver un destello, una luz, una chispa.
Entonces me invade el miedo.
Me digo que es mi imaginación.
Pero me detengo por si acaso.
La luz me hace desconfiar.
Debería ser al contrario.
La luz es vida, pero a mi me turba.
Cuando dejo de ver la luz me arrepiento.
Debería haber corrido hacia ella.
O tal vez no.
Tal vez es mejor seguir andando en la oscuridad.
Sin saber hacia a donde.
Sin saber porqué.
Y sigo observando de reojo las puertas.
Y a veces me hago preguntas.
¿Por qué me empeño en avanzar si no sé hacia a donde voy?
¿Qué espero encontrar al final de ese camino de oscuridad?
¿Por qué me empeño en avanzar por ese camino de oscuridad, y desprecio el camino que quizá me está ofreciendo cada puerta?
¿Y si tal vez fuese mejor que de repente se abriese una de ellas y así terminase esta pesadilla?
¿Y si el miedo que siento no me deja pensar coherentemente?
¿Y si el miedo que siento no me deja obrar coherentemente?
Porque…
¿Por qué tiene que haber algo maléfico detrás de cada puerta?
¿Por qué tiene que haber alguien malévolo detrás de cada puerta?
Porque…
¿Y si hay un ángel detrás de cada puerta y un infierno al final del camino?
¿Qué sentido habrá tenido avanzar y avanzar entre la oscuridad?
Pero… Tengo miedo.
Y el miedo no me deja encontrar la luz.
Mi miedo no me deja ver la luz.
¿Por qué?